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Abril 2009. La recesión de la economía global ha orillado a los bancos centrales del mundo a reducir aceleradamente las tasas de interés para apoyar el crecimiento económico, e incluso este indicador ya está en niveles cercanos a cero en naciones como Estados Unidos.
La preocupación sobre la recesión en el país llevó al Banco de México a sumarse a esta tendencia para que los intermediarios financieros oferten crédito en mejores condiciones.
Cuando las tasas de referencia de los bancos centrales caen de forma sostenida e importante, ocurre el traslado al resto de las tasas que cobran las instituciones financieras, explicó Alfredo Coutiño, de Moody’s economy. En México, los problemas inflacionarios habían detenido al banco central para seguir la tendencia mundial de baja de tasas, debido a que todavía en 2008 e incluso los primeros días de enero se registraron presiones en los precios, por lo que legisladores comenzaron a presionar para realizar cambios en la ley del Banco de México con la finalidad de que, además de combatir la inflación, también tenga el mandato de apoyar el crecimiento económico. Sin la necesidad de este cambio, el Banco de México retomó su postura agresiva de política monetaria al reducir 75 puntos base las tasas de referencia en su más reciente reunión. A pesar de este cambio, el consenso de analistas económicos considera que Banco de México debe continuar reduciendo de forma agresiva la tasa de interés. Analistas de Merrill Lynch, Bancomer, Santander y Moody’s estiman que la tasa de referencia debe bajar hasta su nivel neutral de 6.5%, o incluso llegar a 5% al cierre de 2009, con el fin de ayudar a la reactivación de la actividad económica nacional en medio de la recesión. Aunque en teoría una reducción importante y sostenida de la tasa de referencia de Banxico acabará trasladándose al resto de las tasas de la economía, en la práctica esto no está ocurriendo, detallan los especialistas. De acuerdo con Alfredo Coutiño, de Moody’s economy, la rigidez en los precios en México se debe en gran medida a los precios administrados y concertados por el sector público como los combustibles, electricidad y gas; pues no sólo van en movimiento opuesto a los internacionales como la gasolina, sino que al ser insumos de otros productos, afectan el precio de esos bienes. Respecto al efecto de la depreciación del peso sobre la inflación, expuso que “no va a evitar que la inflación caiga aceleradamente y por sí sola en los próximos meses dada la caída en la actividad económica, por lo que la política monetaria debería continuar por el rumbo del relajamiento”. Coutiño agregó que “Banxico debería bajar de forma más agresiva las tasas de referencia sobre todo en los primeros dos trimestres del año, cuando se espera que el PIB caiga 1.5% y 3%, respectivamente, es decir, cuando la economía mexicana estará en recesión”. Y agrega que “nuestra percepción es que la tasa nominal debería estar en 4% a mediados de año. Un relajamiento monetario más lento no le serviría mucho a la economía mexicana”. Salvador Orozco, subdirector de mercados financieros de Santander, fue más moderado al estimar que Banxico podría llevar la tasa de interés hasta un nivel de entre 5.75% y 6% en el primer semestre del año, “pues será entonces cuando la economía pase por lo peor de la recesión mundial”, agregó. En tanto, Felipe Illanes, analista de Merrill Lynch, expuso que “dada nuestra expectativa de inflación descendiendo hacia el final de este año, consideramos que hay espacio para bajas adicionales de 150 puntos base a lo largo de 2009, con lo que la tasa de fondeo caería a 5.75%, o quizás en 5.50%, al cierre del año”. En la primera quincena de marzo, la inflación anual bajó 5.98%, desde el nivel de 6.2% reportado en febrero. Para el cierre de 2009 se prevé que el índice de precios se situará en 4%. En la última reunión de política monetaria, Banxico redujo de forma significativa la tasa de referencia de 7.5% a 6.75%. De acuerdo con José Luis de la Cruz, investigador del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), esta medida refleja una fuerte preocupación por la caída económica y busca fortalecer la inversión, el consumo, y evitar un incremento en la cartera vencida al bajar el costo de los créditos. Sin embargo, dijo, deberá observarse si realmente el sistema bancario traslada la disminución de tasas a los usuarios finales, “cuestión que hasta el momento no ha ocurrido”. Señaló el caso de las tarjetas de crédito, que en promedio cobran tasas anuales de 46%. Un costo muy similar al de enero, de 46.2%, cuando inició Banxico su proceso agresivo de baja en tasas. “Está pesando más la mayor percepción global de riesgo, así como la posibilidad de que aumente la morosidad en el país”, expresó De la Cruz. Ese riesgo se traslada al consumidor, quien paga tasas más altas. Otros consultados comentaron que existe una fuerte presión de la sociedad y del Congreso para que los bancos bajen tasas y apoyen el crecimiento económico.
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